18.2.08



Yo nunca sufrí el síndrome de Peter Pan, sino el de Momo, incluso tuve una tortuga y la llamé Casiopea, que por cierto, echo a andar y se me escapó a mejor vida, no me hacía demasiado caso y nunca hubiera sido demasiado útil contra los hombres grises.
Y hoy me paro a pensar y no cumplo ni uno de los requisitos de mi heroína, sino todo lo contrario, vendí mi tiempo por cuatro años a los hombres grises y aún me planteo si seguir dejando parte de mi vida en el banco del tiempo para que se me deshojen algunas flores horarias más…
Nunca es tarde, aunque los hombres grises acechan, el espíritu de Momo continua en mi cabeza y forma parte de mis decisiones.

Para el que no sepa de qué hablo, os recomiendo “Momo” de Michael Ende, uno de los grandes libros que han pasado por mi vida.

2 comentarios:

Janico dijo...

No me atreveré a hablar de los hombres grises porque yo tampoco sé dónde acechan ni cuanto tiempo serán capaces de robarme hasta que me arme de valor para cumplir mis sueños.
En cuanto a lo de Casiopea, la tortuga quería explorar un mundo lleno de coches... no podias impedirlo... pobre animalillo!
A veces es necesario parar, mirar a tu alrededor y pensar, qué es lo que realmente quiero yo? La vida te lanza señales, sólo hay que saber leer la concha de Casiopea... sin miedo.
Yo sé que tú conseguirás ser feliz sea cual sea la decisión que tomes, me lo ha dicho una tortuguita... ;-)

Anónimo dijo...

Descubrí Momo gracias a ti, fuiste la que me regalo el libro, y me gusto mucho.
La pena que más me queda, es que quizas lo he leido demasiado vieja y con la cabeza demaiado ocupada, los hombres grises, creo que ya se habian apoderado de mi, pero tu ... aun puedes cambiar tu futuro. Haz lo que creas correcto, y no de la manera socialmente adecuada, sino lo que tu creas que es bueno para ti, para tu felicidad, para que la niña que hay en ti reviva.